
Así como marido y mujer prometemos amarnos en las buenas y en las malas, Dios también en la relación con nosotros nos dice:
EN LA POBREZA O EN LA RIQUEZA, TE AMARE
EN LA SALUD O EN LA ENFERMEDAD, YO TE AMARE
EN LA TRISTEZA O EN LA ALEGRIA, EN LA TORMENTA
O EN LA PAZ, ANTE TODO Y SOBRE TODO, TE AMARE
TU ME AMARAS, YO TE AMARE
ALIANZA ETERNA ENTRE TU Y YO
TU ME AMARAS, YO TE AMARE
HASTA QUE LA MUERTE NOS UNA MAS
EN LAS BUENAS O EN LAS MALAS TE AMARE
EN EL PECADO O EN LA GRACIA TE AMARE
EN LA NOCHE O EN EL DIA, EN LA FUERZA O
LA DEBILIDAD ANTE TODO Y SOBRE TODO TE AMARE
Una hermosa canción católica interpretada por la hermana Glenda
PEDIR EL MILAGRO DE AMOR
“Recuerdo haber escrito hace unos años un extraño poema en el que me imaginaba que, por un día, Cristo se dedicaba a hacer los milagros que a él le gustaban y no los puramente prácticos que la gente le pedía. Y que, en un camino de Palestina, una muchacha hermosísima se presentaba delante de él planteándole la más dolorosa de las curaciones: ella era tan bella, que todos la querían, pero ella no quería a nadie. Deseada por todos, arrastraba una belleza inútil e infecunda. Y le pedía a Cristo el mayor de los milagros: que le concediera el don de amar.
Cristo, entonces, la miraba con emoción y compasión y le preguntaba: “¿Sabes que si amas tendrás que vivir cuesta arriba?” La muchacha respondía: “Lo sé, Señor, pero lo prefiero a este gozo muerto, a esta felicidad inútil”.
Ahora Cristo le sonreía y le decía: “Levántate y ama, muchacha. Entra en el mundo terrible de los que han preferido ser amados”. Y la muchacha se alejaba con el alma multiplicada, dispuesta a nadar felizmente a contracorriente de la vida”. (José Luís Martín Descalzo)
Es posible que le hayamos pedido a Dios muchos milagros en nuestra vida.
¿Le habremos pedido alguna vez el milagro de que nos regale el don del amor?
¿El don de ir contracorriente de tantos egoísmos e intereses?
¿El don de amar, por más que los demás no nos amen?
¿El don de poder amar ensanchando nuestra alma encogida por el egoísmo e incluso por nuestra belleza?
El mayor milagro que Dios puede hacernos es sanar nuestro corazón agrandándolo con el amor. Y sin embargo, es posible que cada uno prefiera que le cure el dedo meñique que le duele a no que le sane el corazón.
Dios ha hecho milagros sanando nuestras heridas y nuestros sufrimientos. Y tal vez, eso es lo que más nos llama la atención de Dios.
Sin embargo, el mayor milagro de Dios para con los hombres nos lo relata hoy Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en el, sino que tengan vida eterna”.
El mayor milagro de Dios cada día en nuestras vidas es que nos ama, incluso si no somos dignos de ser amados o rechazamos su amor.
Clemente Sobrado C.P.
CAMINOS DE CUARESMA
La cuaresma es un camino.
Camino de tentación y de triunfo.
Camino de lucha y esfuerzo.
Es de los caminos que me gustan.
No me gustan los caminos hechos.
No me gustan los caminos andados.
No me gustan los caminos cortos.
No me gustan los caminos de todos.
Me gustan los caminos de Dios,
Que también son mis caminos.
Me gustan los caminos que exigen esfuerzo.
Los caminos que requieren valentía.
Los caminos que exigen decisión.
Por eso me gustan los caminos de cuaresma.
Esos que requieren conversión.
Esos que exigen cambiar de corazón.
Esos que requieren cambiar de cabeza.
Esos que exigen cambiar de vida.
Y que cuando lleguemos al final
El sea nuevo para nosotros
Y nosotros nuevos para El.

Me gustan los caminos de cuaresma.
Son los caminos que Dios nos pone por delante.
Son los caminos que El anduvo primero.
Son los caminos que El anda con nosotros.
Son los caminos que El anda a nuestro lado.
Caminos en los que Dios cae, cuando yo caigo.
Caminos en los que Dios se levanta, cuando yo me levanto.
Caminos en los que Dios se cansa en mis cansancios.
Caminos en los que Dios sonríe en mi propia alegría.
Pero los caminos de la Cuaresma
No los quiero andar solo. Te necesito a mi lado.
No quiero llegar solo la final. Quiero llegar contigo.
Que si me canso, cuente con tu mano.
Que si me fatigo, escuche siempre tu voz.
Que si me voy quedando, alguien me empuje.
Por eso te necesito a ti.
Por eso me necesitas.
Por eso nos necesita Él.
Y cuando lleguemos a la Pascua,
Sintamos que no hemos andado en balde.
Que no hemos corrido por gusto.
Que no hemos luchado inútilmente.
Y sentiremos que bien valió la pena.
Porque habrás hecho de nosotros,
Los primeros testigos de tu Resurrección.
Y se lo contaremos a los demás.
Y se lo diremos gozos a todo el mundo:
“Lo hemos visto”. “Y está vivo”.
“Lo conocimos al partir el pan”.
“Se nos apareció”. “Y vimos sus llagas”.
“Y tocamos su costado”. Aleluya.
Clemente Sobrado C.P


